magina esto: La luz del estudio es suave, casi dorada, como si intentara abrazarte. Estás de pie frente a la cámara, pero no estás posando… estás respirando. Se siente como el segundo justo antes de abrir el telón: una mezcla de nervios, decisión y ese cosquilleo eléctrico que nace en el pecho cuando sabes que algo importante está por suceder.